A veces, el nuevo aire, la nueva tierra agua fuego se vuelven piezas que parecen encajar a la perfección, pero que vienen de distintos rompecabezas. No sé si entiendes porque no sé si explico. Es como soñar por fragmentos y seguir una trama aparente a lo largo de todo el REM

Estaba sentado en una librería cuando la primera pieza cayó: R apareció de la nada, y aunque la esperaba, evitó mirarme. Allí estaba también M, estaba conmigo aunque eso último no es completamente cierto. Nos paramos, buscamos al resto afuera, los perseguimos por el viaducto donde antaño se suicidaron tantos sueños, cruzamos la Plaza Bolívar y luego de varias vueltas y persecuciones improductivas, volvimos al mismo punto inicial.

Allí estaban todos los demás, y mientras conversábamos de cualquier vaina, D me hizo recordar a un perro que llamé Volvo.

¡Joder, bum, flashback!

Estoy en 2007, estoy cumpliendo veintiuno y fumándome un cigarro y caminando por unas calles en las que nunca había estado. Voy mirando el piso, mirando el humo, o mirando el cielo. Solo escucho carros ir y venir, pero no los veo. Y me detengo y ahí la veo. Una casa amarilla, la casa amarilla. La de siempre. La de nunca. La contemplo y es exactamente cómo la escribí. Llamo a la puerta, quiero saber si la casa la venderán. En ese momento estoy dispuesto a pagar lo que sea porque algo me dice que el tiempo se detendrá del otro lado. La puerta se abre y se asoma un perro negro seguido de un viejo que -a mala gana- dice que no está en venta y me cierra la puerta en la cara. Me doy vuelta, pienso unos segundos más en la casa y ahora veo los carros, ya no el humo, ya no el piso, ya no el cielo. Pero no me doy cuenta que estoy soñando un recuerdo.

Me despierto porque M me da unos golpecitos en el hombro y me dice que tiene frío y me meto en sus sábanas y ella cruza sus pies con los míos. Y comienzo a tener un frío insoportable que me trepa desde los huesos del los pies y va subiendo y paralizándome. Cuando la miro a los ojos está hecha de hielo y se va derritiendo en mí.

Despierto, M está ahí, dormida... y el sol ya está saliendo. Me mira entre un parpadeo lento, o yo creo que me mira entre un parpadeo lento y se le dibuja una sonrisa diminuta en la comisura de la boca. Soñar, de esta manera, me confunde, porque nunca sabré cuándo habré despertado de verdad.

Le digo a D que "verga, chamo, yo ni recordaba eso, supongo que ese perro está muerto, supongo que esa casa amarilla está quemada, abandonada, expropiada, cualquier verga. Sonrío, desairado. Pero ni cuando me despierto noto que aquel perro negro de aquel sueño que pareció reconocerme era Volvo y que aquel viejo canoso mal encarado dentro de aquella casa a oscuras era yo mismo; y ahora parezco recordarme desde ambos lados de la puerta blanca y gastada.

Mierda.

En la mesa, tomo a R de la mano y le dijo que se relaje y sigue sin verme, yo no puedo dejar de mirarla porque parece otra persona y quizás lo sea. Nos retrasamos en el viaducto y por primera vez me mira a los ojos; ahora la conozco y ahora la recuerdo. Sonríe. Sonrío. Pero nuestras sonrisas no significan lo mismo.

M me llama y dice "¿crees que si salto de acá pueda volvar?" y yo creo que ya me lo ha preguntado antes. Se para sobre la cornisa y lo único que se me ocurre decirle es "te amo". Me responde "tú no sabes lo que es el amor". Ahora lo sé. Soy Forrest Gump. Y llevo tres años y dos meses y catorce días y dieciséis horas corriendo.

Me despierto. Pienso en Forrest Gump. Pienso en Jenny. Siento que he corrido demasiado tiempo.

M no está. R no está. D no está. Yo no estoy en ningún lugar. He perdido mi casa, mi hogar. Me siento un turista en dónde sea y ya no sé dónde pertenezco. Solo sé de mí este frío que me ha trepado desde los pies. Y tampoco siento mis pies. Ni puedo moverme.

Despierto. R duerme. Me doy cuenta enseguida que no está pasando y todo ese universo onírico se despedaza y me aplasta.

Saltó en la cama y vuelvo a ver a M durmiendo. Ahí, en ese momento se qué he despertado de verdad.

¿Lo sé?

Lo sé porque siento que estoy jodido. Que para volver a tener un amanecer como ese tendré que volver a cerrar los ojos. Le cuento eso. "Eres un tonto", me dice. Pienso en Forrest Gump: "Los tontos son los que hacen tonterías". Pienso en Jenny. Pienso en los tres años y dos meses y catorce días y dieciséis horas de perseguir el viento. Pienso que Volvo debe estar bien. Pienso en que quizás ese señor realmente no soy yo. Pienso en la casa amarilla que nunca he visto. Pienso en Amelia. En Praga, en el Futuro. En las costas del sur de Francia. Pienso en lo fácil que es perderse entre los contornos consonánticos de Mérida.

M duerme. R duerme. D duerme. Y vuelvo a perderme entre las piezas sin saber si solo estoy fingiendo que cierro los ojos.