Quisiera quedarme, pero ya no estoy. 
MARIANA

No sé cómo no botamos restos de bilis
entre tanto sube y baja
creyendo poder con tantas golosinas
que tomábamos el uno del otro

hasta que en un descuido
vaciaste mis bolsillos
y yo ya no podía tomar nada de ti
mientras el peso de tus días seguía manteniéndome en lo alto

Podría ahora enumerar todas las veces
que tus puñales me atravesaron el pecho
cuando mis armas habían caído 
y mis manos se alzaban en rendición
ofrenda de paz y de soles
para que -al bajarte
de esta vida de parques y trenes-
yo no me diera con fuerza al volver contra lo firme

(Kids, by Claudia Consentino)

porque cuando te da por Mariana
los minutos reposan sobre el rocío de tu selva húmeda
el invierno se vierte por la ventana
para que no nos separemos nunca
las montañas nos escalan a nosotros en su intento de reclamarnos
tus nubes frías se quedan lo suficiente
el cielo se posa en tu boca
y volar es la gloria de su encuentro con la mía

cuando te da por Mariana
Fito nos predice entre versos y risas
todo se vuelve una sucesión de números imaginarios que te inventan
los corazones dejan de tener sentido
las casas son todas amarillas
la grama siempre es verde y fancy

y dejo de enumerar -por fin- 
los puñales que me atraviesan el pecho
o los rayos
o los temblores de los besos trasnochados
o las nubes rojas
o los vestidos de luces de vez en cuando
o las plazas sin visitar
o los almuerzos vegetarianos
o las madrugadas
o los toques en el teatro bar
o las botellas de vino
o las subidas y bajadas descalzos en el ascensor
o los minutos o las horas o los días
o los poemas extraviados
o las cartas de amor
o las posdatas
o los lunares

o las ausencias
(tus ausencias)

o los huesos rotos
cada vez que decides bajarte de este sube-y-baja
y la gravedad
-sencillamente- 
me fractura.