Los paseos y las veredas se cierran, se entrecruzan, se intercambian, la calle del hambre se vuelve la calle de cualquier otra cosa. Corre Joel de la mano de Clem, corro yo y detrás de mí corres tú. Ellos vienen tras nosotros también, y les huyo, pero también huyo de ti.

Surge una librería donde vendían comida taiwanesa. La señora amable que nos ofreció cotufas es ahora un aviso de las confesiones de la Diosa. Apresuro mi paso y tú el tuyo, se borra el camino andado y ya no es nada. Encontramos una salida y ahí están tus amigas, te saludan y te hablan, te detienes, les saludas y les hablas, y yo me devuelvo.

Nada es lo que era, el laberinto ha cambiado y sé que es un sueño, pero necesito saber que puedo escapar sin despertarme. Avanzo, corro como Nemo tras el tren, sin moverme. Zugzwan, diría el alemán. Todo es como un recuerdo de un sueño mal recordado. La nueva salida es una cerca de construcción nada alta que salto para pasar al otro lado, pero llegas y te acercas sin cruzar. ¿De verdad te ibas sin despedirte?, sonreíste y dijiste. Me acerco y en silencio intento besarte en la boca, pero algo lo impide y no eres tú.

El escenario oscurece un poco más y lo que sea que me perseguía reaparece y se vuelve hombre con puños que quieren golpearme, y me dejo,  pero sólo porque sé que es un sueño y porque el laberinto ha cambiado en una estructura sin salida. Todos los puños dan contra mí y yo doy contra todos los puños.

Sé que hay sangre aunque no la veo y tú me dices que me detenga aunque yo no hago nada, hasta que caigo al suelo y soy polvo de huesos y moretones que no duelen nada y me dices un montón de cosas que censuro en esta historia y que no respondo para no despertar, y te acercas para levantarme, por si no estoy bien.  Y te tomo con mis manos tu rostro y te digo en voz baja las únicas palabras que pronunciaré en este sueño: te voy a extrañar. Intento besarte la frente y no sé si es porque es un sueño, pero algo me lo impide (porque despierto) y no eres tú.