Despertar de una realidad a otra, es tal vez el sueño más turbulento"
Flora Francola

(c) Alina Nikkitina

Tuve un sueño extraño —te digo. Todo comenzó porque el sol me pegaba directo en la cara… 

Despierto.

Una línea delgada de luz que pasa a través de las cortinas incide en mis ojos. ¿Quién encendió el sol?. Maldición, por no haber cerrado las cortinas bien la noche anterior. Aunque no recuerdo haberlas abierto. Es una pereza enorme sólo pensar en levantarme a cerrarlas. Es una habitación grande. Encargarme de eso implica dar diez pasos. Joderdiezpasos. Es demasiado lejos a estas horas. Tengo que fruncir el ceño. Lo hago y me vuelvo hacia el otro lado de la cama. Ahí estás. Duermes. De pronto el sol ya no me importa tanto. Me quedo observándote el tiempo suficiente para pensar en todo. Toda mi mente está en blanco.

No puedo ir atrás. No puedo utilizar nada que me permita proyectarme hacia delante. Sin embargo, pienso en el resto de nuestras vidas. A partir de este preciso momento. Supongo que no me cuesta imaginar una vida junto a ti. Te miro con dedicación, fijamente, respirar lento y calmada. Completamente en paz. Las sábanas blancas apenas cubren tu piel. Tu larga cabellera negra insiste en hacer lo mismo. Intento no moverme mucho. Noquierodespertarte. Intento recordar. No tengo éxito. Es como si nos hubiesen colocado ahí, en esa habitación blanca y amplia. Con el gran ventanal que las cortinas permiten observar una delgada línea de cielo neoyorquino o checo. No lo sé. Nunca he logrado mirar que hay afuera. Es como si alguien hubiese empezado a narrar desde la mitad de la historia de nuestras vidas.  

¿Qué pasó ayer?  —Olvidaste la mejor parte —dirías. Supongo que es así. Supongo que siempre termino perdiendo esos recuerdos de vidas que no me pertenecen. Supongo que no puedo simplemente desnudarte en tus sueños o en los míos. En nuestros sueños compartidos. Todo acaba antes de, o todo empieza después de. Nunca en mitad de la escena. Siempre despierto y todo ha pasado. O siempre despierto a punto de que ocurra. Siempre tengo los mismos problemas para recordar. Pero yo sigo cabalgando aquel caballo marrón, intentando alcanzarte en la carrera que quisiste dar esa mañana, unos años más viejos, millones de veces más felices que en este momento sin tiempo. La delgada línea de luz comienza a alejarse de la cama. El sol se eleva en el cielo. Las cortinas son cosa tuya, estoy seguro. Yo hubiese preferido persianas. Y esta mañana hubiese sido un caos. Deben ser más de las ocho. Pero no hay forma de saberlo. Acá, en esta habitación no hay relojes. Es cosa mía. La última obsesión de disolver mis obsesiones.

No fue difícil.

Cuando no quieres que el tiempo avance, simplemente dejas de medirlo, de calcularlo, dejas de preocuparte sobre qué hora del día estás parado. Hasta que un día te olvides de que existe. Podría pasar acá la vida entera. Así, despertando todas las mañanas de mi vida antes que tú y mirarte hasta que también te despiertes y me mires. Y hacerte el desayuno. Abres los ojos muy lentamente. No miras nada. Tu mirada está un poco perdida. Cierras los ojos. Así te quedas, como si de pronto fueras un recuerdo en slow motion. ¿Será eso? ¿Serás eso? ¿La alucinación matutina de un recuerdo con el que alguna vez soñé? Parpadeo rápidamente, repetidas veces. Sigues ahí. Comienzas a abrir los ojos otra vez y te encuentras con los míos que no te han dejado de mirar. Sonríes despacio. Cierras los ojos. Los abres nuevamente.

Y sonríes.

 Es eso, justamente. Justo ahí, en ese instante donde intento ver atrás y no encuentro nada y no me importa. No importa si olvidé la mejor parte, no creo que nada se compare a ese destello de soles que salen de tu boca cuando sonríes. No creo que nada se compare a verte dormir en cámara lenta. Nada se compara a la inmensidad de tu océano de cabellos negros. Ya no importa ya no saber qué nos puso ahí, en medio de esa escena. A protagonizar esta historia. Es eso, precisamente, lo que dicen de vivir el momento. El jodido carpe diem. Y créeme que lo estoy haciendo. Y créeme que sólo intento que veas al menos la mitad de lo que yo veo en esta habitación. La trama de este guión. Siempre puede haber una mejor parte. Te sonrío de vuelta.

 —¿Qué quieres desayunar? —digo en voz alta. Tanto que me saca de la escena.

Y despierto.