Leer más [+]
Lorien Sequera [+]


Todos las horas de mis días inician como una detonación,
una especie de estallido en una frecuencia que solo yo escucho.

La onda no sigue el curso del reloj:
siempre le ha dado por marcar su propio tiempo.

Cada vez que estalla todo se vuelve blanco.

          Todos afuera son silencio
          y dentro yo soy todo ruido.

Las esquirlas son todo lo que recuerdo
y siempre lo recuerdo todo.
Se expanden en todas las direcciones que habito
brillan tanto que su luz me impide verlos.

La materia que los compone vibra
los reconozco por su resonancia

Cada uno en una frecuencia única que solo yo logro escuchar:

          Que les haga caso, me han dicho,
          que aprendamos a convivir, que es un salto muy grande
          que no lo soporto, que ya basta, que lo deje, que para qué insistir


Muchos segunderos estallando en mis 24/7


Estaremos bien, me dice ella
es la única frecuencia que por ahora me interesa.


Los diecisiete significaban entrar a la universidad
llegar temprano, llegar tarde
no llegar porque qué ladilla
no dejar caer el plato los cubiertos en el comedor
pasar todo, raspar todo

Eran los diecisiete
y significaban enamorarse
de la muchacha bonita de química
que leía bajo la mata de mango

Los diecisiete eran andar sin más preocupaciones
que no hacer el ridículo
Y ojalá la muchacha bonita

que amaste ese año
y el siguiente
saliera contigo

Tener diecisiete y estar enamorado

Escribir poemas en la clase de inglés

Correr tras el bus porque vas tarde
a la clase
al examen
raspar inglés
el semestre
el año

Rasparse las rodillas
sin más preocupaciones
que las de un irresponsable
que vive esperanzado
porque mañana sí se puede lograr

Los diecisiete eran creer que se conoce el mundo
plantarse en la calle con amigos
con cualquier cosa distinta
a piedras en las manos
y sangre en el pecho.
y sangre en el pecho.